Argentina Zelaya, una maestra ejemplar y madre amorosa que con valentía pudo sacar adelante a sus hijos

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Reitoca, 10 de mayo de 2020.  – Las horas de desvelo no fueron obstáculo para que la joven Debora Argentina Zelaya a las primeras luces del alba, alistara su canasta conteniendo su almuerzo, los libros y materiales con los que daría clases como todos los días en la lejana aldea de Azacualpa.

Dormidos aún, sus pequeños quedaban al cuidado de su madre, mientras ella caminaba mas de dos horas hacia la escuelita rural de Azacualpa, donde impartía clases en varios grados.

La empinada cuesta quitaba el aliento a cualquier atleta, pero la “Profe Argentina” no miraba hacia atrás, su pasión por la docencia y los deseos de sacar adelante a sus hijos eran más fuertes que cualquier cansancio.

Así, día a día al caer la tarde retornaba a su hogar, cansada pero contenta al ver a sus pequeños hijos felices de recibirla y comenzaba la noche corta que daba paso a la mañana siguiente y comenzar de nuevo la faena.

Con el tiempo fue trasladada a una escuela mas cerca del pueblo, en el caserío de El Jicaral, ubicada en la sima de la montaña, tocando subir la pendiente para llegar al centro escolar.

Luego laboró en la Escuela del caserío Agua Caliente y finalmente en la escuela urbana de Reitoca, de donde se retiró de la docencia, con 35 años de servicio. Sus padres, don Pedro y doña Editha, su apoyo incondicional, ayudaban con la crianza de los cinco hijos, tres mujeres y dos varones, que se convirtieron en el impulso diario para poder asumir la difícil tarea de ser madre soltera.

Sus enseñanzas dejaron una huella imborrable en las comunidades de Agua Blanca, Azacualpa, El Jiracaral, Agua Caliente y el centro del municipio, sus alumnos tienen bonitos recuerdos de la maternal maestra que combinaba la docencia con abnegada maternidad.

Su descendencia; herencia de Dios

Doña Argentina se siente muy contenta con sus cinco hijos, todos ellos personas formadas y útiles en la sociedad.

“Yo estoy agradecida con Dios por las bendiciones que me ha dado, me ha dado unos hijos buenos que han sabido valorar mi sacrificio como madre” … “Agradecida también con mi trabajo porque me permitió formarlos”.

Su hija mayor Elda Edith también ha sido un pilar importante, apoyando desde muy joven en el cuidado de sus hermanos.

“Mi madre, una mujer muy dedicada a sus hijos, se sacrificó tanto, que tenía que levantarse muy temprano para recorrer un largo camino que la llevaba rumbo a su centro de trabajo, no le importaba si era bajo de la lluvia o el sol siempre tan responsable, nunca nos abandonó, lo dio todo por nosotros” expresa.

Ahora jubilada de maestra se dedica a su familia, a apoyar a sus hijos en los momentos duros que han pasado, le ha tocado enfrentar la tragedia junto a una de sus hijas que enfrentó la viudez a temprana edad y otras circunstancias difíciles.

Es así como se escribe la historia de esta valiente mujer, madre de cinco hijos; Elda, Elio Enrique, Lesbia, Milagro y Pedro Nohel.

Es abuela de ocho nietos, uno de ellos ya se graduó en la universidad.

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