La historia de Roberto Medina, un joven soñador

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Muchas veces me fui a dormir sin comer, y al día siguiente era más difícil porque así tenía que asistir a clases.

Mi vida diariamente era un desafío junto a mis hermanos y a mi madre para poder tener alimentos en mi casa, siempre salimos a buscar frutas de la temporada para ir haciendo tiempos de comida y algunos vecinos que les hacíamos mandados o mis hermanas lavaban ajeno y uno aprovechaba pescar en el río.

Así nuestros días se tornaban oscuros con la alimentación porque no teníamos una casa, un padre o familia que nos apoyaran en esos momentos difíciles, En fechas especiales como ser cumpleaños, día del niño o Navidad, no supe lo que era una celebración.

Mi madre los fines de semana nos llevaba a la comunidad de Las Trojas del Cerro del Señor, nuestro lugar de origen, para poder conseguir una medida de maíz o frijol, y así tener comida para la siguiente semana.

Al inicio de los años noventa ingresé a la escuela José Trinidad Cabaña, donde mis sueños inician con estudiar; algunos días solo recuerdo que me dormía en los pupitres porque no tenía nada en el estómago más que una taza de café, varias veces los profesores me despacharon.

Por las tardes juntos con mis hermanos y madre nos íbamos para el río a traer leña y pescar; también buscamos un arbusto de frijolillo para cortar la fruta y hacer café con rapadura de dulce, porque era difícil comprar azúcar y café.

Culminé la primaria e inicie en ciclo común emocionado porque mi sueño era seguir estudiando, mi madre siempre me motivaba y mis hermanas mayores, en los días de iniciar las clases un docente me dijo que yo no podía asistir a su clase porque no andaba la ropa adecuada como tenis y camiseta deportiva, para mí fue duro ver que mis compañeros si tenían esa facilidad, eso fue algo que me impactó al ver cómo yo era despreciado por una vestimenta, con el tiempo ahorre mis “centavos” haciendo mandados, vendiendo leña y unas cuantas libras de pescado que vendía y compré esa indumentaria.

Mi madre siempre estaba con nosotros y siempre decía que uno tenía que ser humilde y trabajar porque Dios a esas personas las bendice cada momento.

Para finales de los noventa me interesé por la mecánica por un amigo; quien ya no está con nosotros, Wil García, nos enseñó mecánica y gracias a él le debo gran parte de mi éxito en la mecánica.

Gracias a Dios ahora, tenemos casa, un taller de mecánica, un trabajo digno, una familia y generamos trabajo a jóvenes que quieren salir adelante, me siento orgulloso de mi familia como mi gente que son ellos que han apoyado mi negocio y puedo decir que Reitoca tiene grandes cosas para seguir creciendo.

Roberto Medina, un ejemplo a seguir de perseverancia y humildad, es emprendedor exitoso con sello 0815.